Millones de personas sufren bruxismo y ni siquiera saben que lo tienen. La razón de ello es que padecen bruxismo nocturno. Un trastorno que les hace levantarse cada mañana con jaquecas frecuentes y con dolores de mandíbula, que no suelen asociar con su dentadura.
El bruxismo es el hábito involuntario de rechinar y apretar con fuerza los dientes. Un trastorno de índole nerviosa, que igual puede ser pasajero, puede volverse crónico. Hoy por hoy, no hay forma de curarlo, sobre todo si se vuelve permanente. Lo que sí se puede es adoptar medidas para mitigar los síntomas y adoptar técnicas de relajación.
El enfermo de bruxismo no puede controlar estos movimientos, aunque sea consciente de que los padece. Cuando le aborda un episodio de bruxismo, por llamarlo de alguna manera, tiene que esperar a que desaparezca.
Podemos decir que, a grandes rasgos, existen dos tipos de bruxismo. El bruxismo diurno y el nocturno. En el diurno, el enfermo sabe que lo sufre. Suele venir asociado a estados de estrés y de ansiedad. En cambio, el bruxismo nocturno suele pasar más desapercibido. El sujeto solo puede saber que lo padece porque alguien que duerme con él le dice que por la noche le castañean los dientes o porque en una revisión dental, el odontólogo ha descubierto un desgaste anómalo de la dentadura.
El bruxismo nocturno.
Los dentistas de Clínica Smile Line, una clínica dental de Villaverde (Madrid) que se caracteriza por el empleo de las técnicas, tecnología y tratamientos más innovadores para prestar la mejor atención bucodental posible a sus pacientes, indican en el blog de su página web que cuando una persona tiende a levantarse casi todas las mañanas con la mandíbula cansada y con dolor de cabeza, es probable que padezca bruxismo nocturno. En estos casos siempre es recomendable acudir al dentista y que le haga un reconocimiento. Al menos para confirmar o descartar esta dolencia.
El bruxismo nocturno aparece principalmente durante las fases 2 y 3 del sueño no REM. Consiste en apretar o rechinar los dientes de forma involuntaria mientras se duerme, por lo que la persona normalmente no es consciente de lo que ocurre. En una noche de ocho horas, estos episodios pueden acumular entre 17 y 38 minutos.
El bruxismo puede aparecer a cualquier edad. En los casos crónicos, suele comenzar durante la juventud y disminuir con el paso de los años, aunque no existe un patrón único. Sus causas tampoco están completamente determinadas. Los trastornos del sueño, la apnea, el estrés y una mala alineación dental pueden favorecer su aparición. Además, el propio bruxismo puede dificultar el descanso y crear una especie de círculo vicioso, en el que el enfermo no descansa por las noches y sufre cada vez más episodios nerviosos.
Para prevenirlo, mantener una actividad física regular puede ayudar a liberar tensión antes de dormir. También conviene evitar cenas copiosas y tomarlas con suficiente antelación. Si los episodios son frecuentes, es recomendable consultar con un dentista para evitar daños en dientes, encías y articulaciones mandibulares.
Las causas.
El Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de EE. UU. opina que la aparición del bruxismo suele obedecer a una combinación de factores, entre los que intervienen factores psicosociales, factores genéticos, fumar, el consumo de alcohol y cafeína o la ingesta de determinados medicamentos.
El estrés y la ansiedad se encuentran entre los desencadenantes más habituales del bruxismo. Las preocupaciones laborales, familiares o personales pueden provocar una acumulación de tensión que se manifiesta durante el sueño mediante el apretamiento o rechinamiento involuntario de los dientes.
Los problemas relacionados con el descanso también pueden influir. El insomnio y el bruxismo pueden reforzarse mutuamente: la dificultad para dormir aumenta el nerviosismo y los episodios de bruxismo, mientras que estos pueden interrumpir el sueño e impedir un descanso adecuado. La apnea del sueño y otras alteraciones también pueden estar relacionadas.
Entre los factores físicos destacan una mala alineación de los dientes, una oclusión incorrecta. Así como determinadas alteraciones de los músculos de la cara y la mandíbula. También pueden intervenir mecanismos relacionados con el funcionamiento del sistema nervioso central.
Los hábitos alimentarios y de consumo tienen igualmente importancia. Mascar chicle o consumir caramelos con frecuencia mantiene activos los músculos de la mandíbula durante largos periodos. Por otro lado, las bebidas carbonatadas, energéticas o muy ácidas pueden favorecer el desgaste del esmalte, aunque no son por sí mismas una causa directa de bruxismo.
El consumo habitual de alcohol y tabaco también se ha relacionado con una mayor probabilidad de presentar este trastorno. Finalmente, la postura durante el sueño puede influir en la tensión de la mandíbula y modificar la intensidad de los episodios.
Los síntomas.
Entre los síntomas que provoca el bruxismo, según el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial, se encuentran los dientes aplanados, partidos y agrietados, la movilidad de las piezas dentales, el esmalte desgastado en los dientes (dejando capas internas del diente al descubierto) y la hipersensibilidad dental.
Nos llama la atención cómo la Asociación Española de Migraña y Cefalea establece una relación directa entre los dolores de cabeza y de oído frecuentes con el hecho de padecer bruxismo.
El bruxismo y el dolor de cabeza crónico pueden estar estrechamente relacionados, especialmente cuando el bruxismo se produce durante la noche. Aunque el dolor puede aliviarse temporalmente, suele resultar difícil eliminarlo de forma definitiva si no se trata también el problema que está provocando la sobrecarga muscular.
Durante un episodio de bruxismo, los músculos encargados de mover la mandíbula permanecen sometidos a una tensión considerable. Cuando esta situación se repite noche tras noche, las molestias pueden extenderse desde la mandíbula hacia las sienes, la cabeza, el cuello y la zona próxima a los oídos. Esta sobrecarga continuada puede favorecer la aparición de cefaleas recurrentes.
Las consecuencias no tienen por qué limitarse a la cabeza. Algunas personas también experimentan molestias en la mandíbula, los hombros, el cuello y la parte superior de la espalda. La tensión mantenida puede afectar además a la articulación temporomandibular (ATM), provocando dolor, rigidez o dificultad para realizar determinados movimientos.
La proximidad de esta articulación al oído explica que las molestias puedan sentirse también en esa zona mediante el llamado dolor referido. Una especie de dolor irradiado o dolor reflejo.
Por este motivo, ante dolores de cabeza frecuentes, especialmente si aparecen al despertar, conviene valorar si existe bruxismo. El diagnóstico dental permite determinar si el desgaste de los dientes y la tensión mandibular están detrás de las cefaleas y establecer el tratamiento más adecuado.
Las férulas de oclusión.
El periódico ElDiario.es indica que hoy en día se utilizan diferentes tratamientos para abordar el bruxismo, pero que, sin duda, el más utilizado es el de las férulas de oclusión o férulas de descarga. Recetadas y diseñadas en las clínicas dentales.
Las férulas de descarga son dispositivos fabricados a medida que se colocan sobre los dientes para evitar que las arcadas entren en contacto directo. Su principal función es proteger el esmalte dental frente al desgaste provocado por el bruxismo y reducir la tensión que soportan los músculos de la mandíbula. No deben utilizarse férulas genéricas o mal ajustadas, ya que pueden alterar la mordida y generar molestias en la articulación temporomandibular.
El tratamiento comienza con una revisión odontológica para valorar la intensidad del bruxismo y determinar qué dientes necesitan mayor protección. Posteriormente, el profesional toma un molde de la dentadura superior, inferior o de ambas, según las necesidades del paciente. Habitualmente se utiliza alginato, un material flexible que permite reproducir con precisión la forma de las arcadas. El molde sirve como referencia para fabricar la férula en un laboratorio, generalmente con resina acrílica.
Una vez terminada, el paciente vuelve a la clínica para que el odontólogo compruebe su adaptación y realice los ajustes necesarios. El dispositivo debe quedar estable y cómodo, sin ejercer una presión excesiva sobre los dientes o las encías. En el bruxismo nocturno, lo habitual es utilizarlo mientras se duerme, siguiendo siempre las indicaciones del especialista.
En situaciones más avanzadas, puede ser necesario combinar la férula con la rehabilitación de dientes que hayan sufrido un desgaste importante y, cuando esté indicado, tomar medicación para controlar el dolor.
La férula no elimina la causa del bruxismo ni impide que el paciente apriete los dientes, pero sí actúa como una barrera protectora. De este modo, limita el deterioro dental y puede contribuir a reducir algunas de las molestias asociadas al trastorno.
Técnicas de relajación.
Del mismo modo, ElDiario.es recomienda a las personas que padecen bruxismo que aprendan y practiquen técnicas de relajación para prevenir la aparición de los episodios nerviosos.
Combatir el bruxismo requiere reducir la tensión que acumula el cuerpo, especialmente cuando el estrés y la ansiedad son factores desencadenantes. Por eso, las técnicas de relajación pueden convertirse en un apoyo importante dentro del tratamiento. El objetivo es aprender a reconocer y disminuir la tensión muscular antes de que termine manifestándose mediante el apretamiento de los dientes.
La meditación y los ejercicios de respiración ayudan a reducir la activación nerviosa y pueden favorecer un estado de mayor calma antes de acostarse. El yoga también puede ser útil, especialmente cuando combina movimientos suaves, control de la respiración y relajación. Establecer una rutina tranquila durante las horas previas al sueño, evitando situaciones que generen tensión, puede contribuir igualmente a mejorar el descanso.
La terapia cognitivo-conductual se está utilizando en los últimos tiempos para combatir el bruxismo. Consiste en aprender a identificar aquellas situaciones que nos provocan estrés y utilizar herramientas de relajación que minimizan su impacto. De manera que cuando nos metamos en la cama por la noche, tengamos la menor cantidad posible de tensión acumulada.
La actividad física regular es otro recurso para liberar estrés. Caminar, nadar, practicar algún deporte o realizar ejercicios de movilidad permite descargar parte de la tensión acumulada durante el día. En algunos casos, además, el apoyo de un psicólogo puede ayudar a trabajar la ansiedad y las situaciones que mantienen al organismo en un estado permanente de alerta.
La fisioterapia también puede complementar estas medidas. Los masajes y ejercicios dirigidos a la mandíbula, el cuello y la musculatura facial ayudan a disminuir la rigidez y enseñan al paciente a mantener estas zonas relajadas.
En el bruxismo nocturno, muchas veces el paciente no sabe que aprieta los dientes mientras duerme. Por eso, identificar sus causas, reducir la tensión mediante técnicas de relajación y proteger la dentadura con férulas de oclusión son medidas necesarias. Un diagnóstico adecuado permite abordar el problema y evitar que sus efectos se acumulen con el paso del tiempo.