El papel del interiorismo en la obra nueva ha cambiado mucho en la última década y ha dejado de ser una parte fundamental de la forma en como se conciben las viviendas y, en general, los espacios habitables.
Ahora no se piensa únicamente en levantar paredes y en la distribución de los metros cuadrados, sino en cómo se vivirá en ese espacio desde el primer momento. Dicha evolución lo que hace es reflejar un cambio mucho más amplio en nuestra sociedad, que cada vez da más valor a temas como el confort, la funcionalidad o la capacidad de una vivienda para que se adapte a las diferentes formas de vida.
Una manera diferente de afrontar la proyección de la vivienda
La obra nueva nos da la oportunidad que no siempre hay en otra serie de contextos. El hecho de diseñar el espacio con una lógica que se adapte totalmente a los que lo van a habitar.
Esto significa que se debe pensar, como nos dicen desde Bonba Studio, reputados expertos en este campo, en temas como la luz, la distribución, los recorridos, los materiales o el mobiliario de una manera global. El interiorismo entra ahí para que se unan todos estos elementos y que funcionen de forma coherente.
Durante bastantes años, la vivienda se veía con mayor rigidez. Cada una de las estancias contaba con una función bastante definida y pocas veces se cuestionaba.
Actualmente, la sociedad vive de manera diferente. Las casas deben responder a una serie de rutinas más flexibles, a la entrada del teletrabajo, así como a la convivencia de diferentes edades y a una relación diferente con el tiempo libre de que se dispone. Esta es una realidad que nos obliga a pensar en el interiorismo como algo más dinámico y mucho menos cerrado.
En cuanto a la obra nueva, esta capacidad que tiene para poder anticiparse tiene mucho valor. No es solo que se cree un espacio bonito, sino que se prevea cómo se va a utilizar dentro de unos años. Una casa bien ideada envejecerá mejor porque responderá de forma más natural a los cambios que tengan las personas que la habiten.
La influencia de los nuevos estilos de vida
La sociedad en la que vivimos ha ido cambiando la forma en la que se entienden los hogares. Hablar de vivienda es hacerlo no solo del sitio al que volvemos al acabar el día, puede ser nuestra oficina, sitio para el ocio o entorno para desconectar.
Funcionalidad y bienestar
Entre las aportaciones más importantes que tiene el interiorismo en obra nueva está que va a servir para que la vivienda funcione bastante mejor. La estética es importante, pero no va a poder ir separada de algo tan importante como es la utilidad.
Estamos ante un espacio bastante atractivo que, cuando es incómodo, pierde gran parte de su valor. Por este motivo, el buen interiorismo va a partir siempre de cómo se vive en una casa, no solamente de cómo se ve.
Respecto a este tema, la organización de los espacios tiene bastante que ver con algo tan importante como es el bienestar. Una cocina que se distribuye bien, un salón que respira, un dormitorio tranquilo o un área de trabajo que está bien resuelta ayudan a que la vida cotidiana sea mucho más confortable. La calidad del entorno va a influir en el estado de ánimo, en la concentración y en la sensación general de equilibrio.
Lo positivo que tiene el interiorismo es que saca más partido a los metros que hay disponibles. Estamos viviendo en una sociedad en la que el espacio urbano tiene cada vez más valor, por lo que aprovechar bien cada rincón no es un detalle sin importancia.
La obra nueva da margen para que se planteen soluciones más inteligentes desde el inicio, por lo que se evitan improvisaciones posteriores que acostumbran a salir peor.
La luz como elemento social y emocional
En el caso concreto de la luz natural, ha pasado a ser objeto del deseo en la vivienda actual. No estamos ante algo casual. La sociedad ahora pasa bastantes horas en interior y le da valor cada vez más a la sensación de claridad, apertura y de conexión con el exterior.
El interiorismo en obra nueva va a responder a dicha necesidad al organizar los espacios para poder aprovechar mejor la orientación, las entradas de luz y la percepción a nivel visual de la amplitud.
La luz mejora la estética, pero también influye mucho en el confort y en cómo se percibe el hogar. Un espacio bien iluminado parece más amplio, limpio y agradable.
Por este motivo, el interiorismo trabaja con la luz como si fuera un material más. Se piensa mucho a la hora de escoger los colores, texturas, cortinas, pavimentos y en la distribución, pensando en que la luz cambia bastante el resultado final.
En obra nueva, dicha planificación es de gran utilidad, puesto que permite que se integre la iluminación natural y la artificial desde el inicio. No hablamos de colocar lámparas al final, sino de que se construya una atmósfera coherente desde el principio. Esa visión integral va a reflejar bastante bien cómo será la evolución de la relación entre la arquitectura, el interiorismo y la vida cotidiana.
Personalización e identidad
Otro de los motivos por los que el interiorismo en obra nueva cuenta con tanto peso es que se busca una identidad. Las viviendas no están concebidas ya como estructuras prácticas y, ahora, son espacios que dicen algo más sobre aquellas personas que las habitan.
Ahora en la sociedad se da valor a la personalización, la sensación de pertenencia y a que se puedan crear entornos que puedan reflejar ciertos gustos, costumbres y formas de vida.
Bajo este contexto, lo que ocurre es que el interiorismo permite que se construyan hogares más singulares sin que ello suponga renunciar a la coherencia.
Elegir materiales, acabados, colores y distribución ayuda a que se cree una atmósfera propia. Pese a que la tendencia dice que se busca crear espacios más neutros, eso no significa uniformidad. Al revés, la personalización es algo que se expresa cada vez más mediante detalles bien ideados.