Mi esposo y yo somos amantes empedernidos de la naturaleza, y siempre que podemos cogemos la mochila del camino de santiago de mi marido (que es de unos 50L de capacidad), nos echamos los bocadillos y el agua dentro… y nos vamos. Da igual si es en ascenso, en descenso, en montaña, en río… lo único que queremos es coger el camino, literalmente, y perdernos en mitad de la nada durante horas. Es algo que llevamos haciendo desde que somos muy, muy jóvenes, porque es una de las cosas que compartimos desde que nos conocimos.
Y claro, después de casarnos hace dos años, y salir el tema repetidas veces sobre ser padres o no, ambos nos preguntamos lo mismo: ¿cómo demonios vamos a seguir yendo de ruta ahora que estamos pensando en tener un bebé? Un niñito de un mes o dos no puede estar en esos sitios, puede coger una infección, hacerse daño… y, además, aún ni siquiera puede caminar. ¡Vamos a tener que dejar de hacer senderismo, al menos, hasta que el niño tenga 6 o 7 años!
Pues no, no es así, porque buscamos muchas opciones en internet y recogimos un montón de consejos de padres que han pasado por lo que vamos a pasar nosotros. Y, tras leerlos todos, nos dimos cuenta de que no, no tenemos que dejar de hacer senderismo por traer un hijo al mundo.
Te explico cómo vamos a hacerlo:
Lo primero es proteger la piel del bebé, porque a esas edades el sol es peligroso
Aunque parezca que no, en la montaña también pega el sol muchísimo. A veces incluso más de lo que crees, porque encima hay viento y el aire es mucho más fresco, así que entre la sombra de los árboles y fresquito parece que no es peligroso. Pero, si alguna vez vas a hacer senderismo, te vas a dar cuenta de que, cuando llevas un rato caminando, el sol empieza a picarte. Y claro, con un bebé esto no es bueno, porque su piel es muy delicada.
El primer consejo que te puedo dar es elegir bien la hora de salir. No puedes empezar la ruta cuando el sol está más alto, lo mejor es madrugar un poco o salir ya por la tarde, cuando el calor esté más bajo y hace más fresquito.
Bueno, otra cosa en la que también tienes que pensar es en la ropa que va a llevar el bebé, porque puede protegerlo un poco del sol. Aunque parezca que no, lo mejor son camisetas largas pero finas, para que no le dé directamente en la piel, pantalones finos y un gorrito que le cubra muy bien la cabecita.
Y, sin duda, busca protector solar y pónselo antes de salir, para que ya vaya protegido desde casa. Si la ruta es demasiado larga, llévate la crema y ponle un poco más cuando sea necesario, así que mira cuántas horas de protección te da la crema y estate al loro para que no se queme.
Aunque yo creo que lo mejor es que, hasta que tu hijo haya alcanzado los dos o tres años, te busques rutitas monas con mucha sombra, donde haya más árboles que llanuras, porque al final así va a estar mucho más protegido. Cuanta más sombra, menos rayos del sol.
La forma de llevar al bebé en al ruta también es importante
Esta fue la duda que más nos comió la cabeza: ¿cómo llevamos a un bebé recién nacido a una ruta, si ni siquiera puede andar? Bueno, un día fue como si Dios mismo nos respondiese, porque en una ruta de Galicia nos encontramos a una pareja de frente que iba con un bebé, ¡en una mochila donde habían metido al niño! Investigando lo que era, descubrimos que era un marsupial, que son mochilas pensadas para llevar a los bebés sin tener que agarrarlos.
Muchísimos padres dicen que es la mejor forma de moverse por el monte con un niño pequeño, porque es es como lo mantienes más seguro, y puedes moverte tú con normalidad y tener las manos disponibles para poder hacer lo que necesites. Y sí, es la mejor para rutas largas, de montaña… porque te da mucha libertad de movimiento y, encima, no acabas con la espalda echa un cristo, porque el peso se reparte muy bien.
Desde la tienda para bebés en Sevilla, The Baby House, me recomendaron fijarme en que el portabebés mantuviese bien la postura natural del bebé y que tuviese buena ventilación, porque es otra forma de protegerlo contra el calor del sol. También nos recomendaron que, para que neustra espalda descansase, podíamos turnarnos mi esposo y yo y llevarlo cada uno cada cierto tiempo, así podríamos disfrutar más de la ruta.
Así lo hicimos, y fue un acierto.
Ten en cuenta que los mosquitos y otros insectos también pueden perjudicarlo
En el campo siempre hay de todo, de todo aquello que ninguno quiere tener en su casa: arañas, mosquitos, y un montón de bichos asquerosos que, además de ser feos, pueden picarnos. Claro, no es lo mismo que me pique a mí a que piquen a mi bebé, así que también leímos las soluciones que usan otras familias que salen a caminar con sus peques.
Lo más sencilla es ponerle una mosquitera, que se puede poner muy fácilmente sobre el marsupial, porque es muy ligera y, por ende, además, nos ayudará a proteger a nuestro bebé de todo tipo de insectos molestos del camino.
Bueno, y también puedes usar repelentes especiales que existen para proteger al bebé. NO sirven todos, así que ten cuidado, porque una de las cosas más características de los bebés es que tienen la piel muy sensible, pero son muy útiles cuando el camino tiene muchos bichos.
También empezamos a evitar los sitios con agua estancada, porque ese tipo de cosas suelen atraer a un monton de mosquitos y de bichos que pueden ser MUY peligrosos, porque nunca sale nada bueno del agua estancada.
Cuidalo también del frío y los cambios de temperatura
No te imaginas lo rápido que cambia el tiempo en la montaña o en cualquier tipo de ruta. Tú vas tan tranquilo porque el día empieza calentito, y terminas a las 5 de la tarde con un frío que te mueres. Cuando eres adulto te pones un abrigo y santas pascuas, pero un bebé no puede decirte el frío que tiene, y tienes que pensarlo un poco más.
Por eso lo que más recomiendan los padres que hacen rutas es usar varias capas de ropa para el bebé, algo así como una camiseta, una sudadera ligera por encima que puedas quitarle si hace de repente mucho calor, y una manta pequeña en la mochila por si todo eso no fuese suficiente, porque empezase a hacer MUCHO frío.
Ademas, por si no lo sabes, los bebés pierden calor mucho más rápido que los adultos, y a la vez se calientan MUCHO más rápido que nosotros, así que también hay que revisar los de vez en cuando, tocar sus manos o su cuello para ver si están fríos o tienen mucho calor.
¿Cómo evitamos que se hagan daño?
En la montaña caminar no es fácil, es parte de su encanto y de su magia, porque hay piedras, raíces y zonas irregulares que te obligan a adaptarte. Pero tener que esquivar todo esto con un bebé es más peligroso, y por eso hay que hacerlo con más cuidado.
Sé que, si eres un aventurero como yo, te encantarán rutas de riesgo, montañas escarpadas o ríos embravecidos, pero, mientras lleves a un bebé pequeño contigo, sé consciente y elige rutas más sencillas, al menos hasta que el peque tenga cierta edad.
También deberías de tener bien ajustado el marsupial. ¿Te imaginas ir subiendo un sendero, y que de repente se te suelten los amarres y tu bebé se caiga al suelo? No, eso no puede pasar, así que ajústalo bien, asegúrate de que los enganches están fuertes y ten cuidado.
Y un último consejo con esto: una ruta con un bebé a cuestas no es una carrera, no tengas la prisa que tienes normalmente y ve más despacio. Quizás deberías de cambiar las rutas para sentir adrenalina por esas rutas que te hacen sentir paz. Sé que es jodido, pero si llevas a un bebé encima, cualquier proteccón es poca. El objetivo ya no va a ser llegar más rápido, sino disfrutar cde ada tramo del camino.
Dale de beber a menudo a tu bebé
El agua es algo que no se puede descuidar. Piensa que los bebés se deshidratan mucho más rápido que nosotros, así que hay que estar muy atentos a ellos durante toda la caminata. Fíjate en estas cosas sobre todo en verano, o esos días de calor sofocante. Incluso cuando hay un periodo largo de ruta sin sol, porque ellos, como ya sabes, se sobrecalientan antes… y también se deshidratan mucho antes.
Si el bebé está tomando pecho, lo más fácil es que hagamos paradas frecuentes para alimentarlo. Y si toma biberón, lo que te aconsejo es que lleves agua de sobra y que tengas leche preparada para no quedarte corto en medio del camino.
También es importante que paremos a descansar de vez en cuando, aunque el bebé no esté llorando. Ya no solo porque es bueno que el bebé también descanse un poco de tanto marsupial, sino porque estas pausas nos vienen genial a nosotros: estirar piernas, comer algo rápido, mirar el paisaje…. Así, vamos a disfrutar de la ruta mucho más.
Llevar siempre un pequeño botiquín
Esto es primordial, aunque no lleves un bebé contigo, porque puede pasar cualquier cosa. Un botiquín con lo básico es importante, vayas a la ruta que vayas (aunque sea sencilla) y vayas con quien vayas (aunque vayas solo), porque si surge cualquier problema lo puedes solucionar sin tener que volver corriendo a casa o sin ir a un hospital.
Nosotros, dentro de la mochila, siempre llevaremos un botiquín con gasas, desinfectante, tiritas y un termómetro pequeño, porque con esto se pueden cubrir la mayoría de imprevistos del camino. También podríamos meter suero fisiológico, por si hay que limpiar algún rasguño, y crema para irritaciones o rozaduras. Recuerda que la piel de los bebés es muy delicada, así que es posible que el roce constante con el marsupial le cree rozaduras.
No cuesta nada añadir el kit y aunque lo llevemos, la idea es disfrutar del paseo, totalmente preparados por si surge cualquier imprevisto.
Escuchar siempre al bebé durante la ruta
Escuchar al bebé es mega importante, y aparece en casi todos los consejos que leímos. Ellos todavía no saben hablar, así que tendremos que estar atentos a sus gestos, a cómo reacciona o cómo se mueve durante la caminata, porque si se sienten incómodos, si les duele algo, si tienen frío… nos lo van a decir no con palabras, pero sí con gestos.
- Si está tranquilo, dormido o mirando el paisaje, no tiene problemas, todo está bien.
- Pero si empieza a llorar o se mueve demasiado en el marsupial, para y obsérvalo, porque intenta decirte algo.
No cambies tu vida por tener un bebé, solo adáptala
Llega un bebé a tu vida y lo primero en lo que piensas es en dejar de hacer esto, porque ya no vas a poder hacerlo con uno en tus brazos, en no hacer lo otro, porque es peligroso para él… Tener un bebé no te hace dejar tu vida atrás, ni abandonar lo que te gusta. Simplemente, adáptalo para poder seguir haciéndolo, incluso con un bebé.
Las caminatas, los paseos por la montaña, los ríos, los senderos perdidos… todo a seguir estando ahí, solo va a cambiar el ritmo, las pausas y la forma de organizarse. De hecho, mi marido y yo no hemos dejado de hacer rutas, solo las hemos modificado, hasta que el bebé pueda hacerlas por sí mismo junto a nosotros.
Incluso nos estamos planteando hacer el Camino de Santiago con el bebé a cuestas, porque es algo que queremos hacer desde hace mucho tiempo, pero no hemos tenido recursos para ello. Por eso, ahora que tenemos tiempo y recursos, pero que también tenemos a un bebé con nosotros… ¿por qué vamos a negárnoslo, cuando solo hay que adaptar lo que queremos hacer? Haremos las etapas más cortas, tardaremos más… pero, hacerlas, las haremos.
Tú deberías probarlo también.