El café, un fijo en la oficina.

Café en la oficina

Cada vez es más frecuente encontrar máquinas de café en las oficinas y centros de trabajo. De esta manera se evita que los trabajadores hagan la clásica parada a media mañana. Muchas de estas máquinas de café son cedidas por los distribuidores sin que para la empresa le suponga ninguna inversión.

Pedro trabaja en una empresa de servicios informáticos en Barcelona. Desde que instalaron una máquina de café con cápsulas, siempre al lado de su ordenador, tiene una taza de café. Es muy cafetero. Dice que el café le mantiene despierto y le ayuda a estar concentrado en su trabajo. Hasta que pusieron café en la oficina, tenía que bajarse a la tienda de ultramarinos de la calle y comprar una botella de Coca Cola o una lata de bebida energética. O subirse del bar un café para llevar. Trabajar con una bebida estimulante es un hábito que adquirió en su época de estudiante. Tener que bajar a comprar la bebida representaba pérdidas de tiempo. Algo que no era bien visto por la empresa, y por algunos de sus compañeros. Desde que tiene la máquina de café al lado, la jornada es más productiva.

Quique está terminando la carrera y está haciendo prácticas para una empresa. La mayor parte de la actividad es mediante teletrabajo. Solo le obligan a personarse en la oficina una mañana a la semana. Él ha escogido los viernes. Día que la oficina ofrece un catering de desayuno proporcionado por el distribuidor de café. La misma empresa que  les ha instalado la cafetera y repone las cápsulas, les trae bollería cada viernes. Esta es otra práctica que poco a poco se está asentando en nuestro país. Según Quique, estos detalles mejoran el ambiente de trabajo.

Una tendencia importada.

Por el cine y la televisión sabemos que desde los años 60 hay café en las oficinas de Estados Unidos, si no antes. Una de las tareas de la secretaria del jefe era llevarle a la mesa una taza de café.

El café, en realidad, estaba más extendido. Era accesible para todo el personal. En todas las oficinas había un pequeño rincón, tipo cocina, donde había instalado una cafetera de melita.

Los estadounidenses toman el café de manera diferente a como la tomamos nosotros. Beben café americano. Un café aguado, menos concentrado que el café expreso, que  les permite rellenar las tazas de café durante todo el día. Incluso en la comida.

En la oficina siempre había alguien encargado de hacer el café. En ocasiones, mediante turnos rotativos. La cafetera y el café lo proporcionaba la empresa. Pero la taza la tenía que traer cada trabajador de su casa.

Esta medida popularizó las tazas de café Geek. Esas tazas grandes, cilíndricas, generalmente blancas, que encontramos en la actualidad en cualquier bazar o tienda de objetos de regalo.

Al principio, los trabajadores escribían con rotulador su nombre en la taza, como hace Starbucks, pero con el tiempo se optó por tazas personalizadas. Unas tazas que venían grabadas con alguna frase motivadora o que estaban impresas con algún motivo con el que se identificaba su propietario: su grupo de música preferido, el cartel de una película, etc.

La producción en serie, unido al desarrollo de las técnicas de impresión por ordenador, ha convertido a estas tazas de café en una opción económica para disponer de recipientes personalizados.

El blog de marketing Gift Campaign señala que además se han transformado en un interesante soporte publicitario. Algo tan personal como la taza donde tomamos el café, es un escaparate público para difundir la imagen de una marca. Las tazas Geek son un objeto básico en cualquier estrategia de merchandising.

El café ya no se toma en el bar.

En nuestro país es habitual que a media mañana los trabajadores paren un momento y se bajen al bar de la esquina a tomar un café. Es un tiempo de desconexión y de socialización con los compañeros. Un paréntesis que permite abordar el resto de la jornada laboral con energías renovadas.

Como nos recuerda el diario Información este es un derecho recogido en el Estatuto de los Trabajadores. Para jornadas laborales superiores a 6 horas, los trabajadores tienen derecho a 15 minutos de descanso, que pueden aprovechar para tomar café, comer un bocadillo, ir al baño o fumar un cigarrillo. Se computa como tiempo efectivo de trabajo y los convenios colectivos pueden ampliar su duración.

Sin embargo, si nos paramos a analizarlo con objetividad, es imposible que la parada para el café dure 15 minutos. Entre que salimos de la oficina y llegamos al bar, nos sentamos en la mesa, nos sirven el café y entablamos una breve conversación con nuestro acompañante, la pausa puede alargarse, sin darnos cuenta, hasta los 30 minutos.

Las empresas suelen ser bastante flexibles en este asunto. Si nos pasamos de tiempo, nos podemos llevar alguna reprimenda. Pero lo cierto es que, si la empresa quisiera, nos podría exigir que recuperáramos el tiempo perdido.

La intención del gobierno de reducir la jornada laboral a 37,5 horas semanales, frente a las 40 horas, como está fijado en la actualidad, abre la posibilidad de eliminar los tiempos de descanso contabilizados como trabajo efectivo. Como la pausa del café. Esto es algo que los políticos deben dilucidar.

Lo cierto es que colocar cafeteras en las oficinas y centros de trabajo elimina la necesidad de salir a la calle a tomar café y reduce las pérdidas de tiempo.

Mayor productividad.    

Estamos viendo que al colocar las máquinas de café en la oficina se reducen los descansos y se aprovecha mejor la jornada laboral. Pero, además, al reducir el tiempo de la parada, cuesta menos retomar el ritmo de trabajo.

Lo podemos comprobar en las jornadas partidas. En las que hay una hora o dos para comer. La sección de la tarde nos cuesta más abordarla que las horas de la mañana. Necesitamos al menos media hora para concentrarnos al 100% en el trabajo. Esto no sucede así, si la parada ha sido de unos pocos minutos. Lo suficiente para levantarnos de la mesa de trabajo, acercarnos a la máquina de café y servirnos una taza.

Por otro lado, el café es una bebida estimulante que mejora la productividad. Tras beber un café, experimentamos una subida de energía que nos permite realizar las tareas con mayor brío. La cafeína estimula un estado de alarma en el cerebro que nos hace estar más despiertos y resolutivos. Al mismo tiempo, el café potencia la concentración, reduciendo la posibilidad de despistarnos con respecto al trabajo que estamos realizando. Efectos, todos ellos, que mejoran la productividad del trabajador.

No debemos olvidar que colocar una máquina de café en la oficina mejora el ambiente laboral. El trabajador se siente mejor cuidado. Percibe que la empresa está pendiente de él. Lo que indirectamente hará que se identifique más con ella y dé lo mejor de sí.

Cuidar las condiciones materiales de trabajo tiene un efecto positivo sobre la productividad. Eso lo saben bien las grandes empresas tecnológicas. Las cuales, en sus oficinas, no descuidan ningún detalle para que el trabajador se sienta a gusto. Casi tanto como en su casa.

Las máquinas de cápsulas.  

Si bien hemos visto que la costumbre de suministrar café en las oficinas comenzó en Estados Unidos con las cafeteras de melita, en la actualidad lo que se están colocando son cafeteras de cápsulas. Estas cafeteras proporcionan al trabajador el tipo de café que quiere, según sus gustos: un cortado, un café solo, un capuchino; y no requiere que nadie prepare el café antes.

Los distribuidores de Aguas La Marea, una compañía de Madrid que se dedica a suministrar agua y café a empresas con sus dispensadores correspondientes, nos cuentan que muchas de estas máquinas de café las proporcionan los propios distribuidores. El distribuidor se encarga de reponer periódicamente las cápsulas vacías y del mantenimiento de la máquina de café. Sin que esto suponga ningún sobrecoste para la empresa que contrata el servicio.

Para que lo entendamos. La empresa cliente paga el café que consume, pero no alquila ni compra la cafetera. El distribuidor la mantiene en la oficina mientras que vea que el servicio resulta rentable. Un sistema ágil que permite a los trabajadores disfrutar de café sin complicaciones. Sin que ellos, ni la empresa, tengan que preocuparse de nada.

Este mecanismo es más limpio y ecológico que la cafetera tradicional. Reduce la cantidad de residuos que se generan. Además, los que se producen, que son las cápsulas vacías, son totalmente reciclables. Al estar fabricadas en aluminio, los desechos se pueden transformar en los centros de reciclado en nuevos productos y envases.

Las cápsulas son dosis individuales que ocupan poco espacio. Al reponerse periódicamente, la empresa a penas debe preocuparse por su almacenamiento.

Personalmente, no soy un gran admirador del café en cápsulas. Donde se ponga un buen café expreso del bar, que se quite todo lo demás. De todos modos, no tiene precio encontrar café en cualquier momento en tu centro de trabajo.

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