A veces, la vida no camina por los cauces por los que queremos y tenemos que sobrellevarla de la mejor manera que podamos. Y la verdad es que no es fácil tener que hacerlo. Esta situación puede ser extrapolable a cualquier asunto de nuestra vida al que nos refiramos. En el caso que concierne a este artículo y a la persona que es protagonista de la historia que os voy a contar, que soy yo mismo, el asunto del que vamos a hablar es el amor. Y es que el amor es una de las cuestiones de la vida de las que más va a depender nuestra estabilidad emocional (e incluso, como vais a ver en estos párrafos, también la económica).
Hace un par de años, la que había sido mi novia durante casi una década y yo decidimos dar un paso muy importante en nuestras vidas: comprar un piso. Vivíamos en la Comunidad de Madrid, en concreto en el municipio de Getafe, uno de los más grandes de la región. El problema era que esta es una zona muy tensionada y, para encontrar piso allí, teníamos que tener claro que el precio iba a ser elevado. Aún así, lo intentamos de una manera bastante vehemente porque nos gustaba la zona y porque sentíamos que era el lugar en el que queríamos estar durante el resto de nuestras vidas.
Después de muchos esfuerzos, conseguimos dar con un piso que nos encantaba. Era caro, como todo lo que había en esta zona, pero sentíamos que era una muy buena oportunidad porque se trataba de un piso de 3 habitaciones y tampoco suponía un atraco para nuestros intereses. Además, se encontraba en el mismo bloque de pisos en el que habíamos estado de alquiler durante los 4 años anteriores. Por tanto, decidimos dar el paso y apostar por él. Queríamos tener algo propio y la verdad es que nada ni nadie nos lo podía impedir. En Madrid, creíamos que era lo mejor que podíamos hacer porque la hipoteca nos podía salir más a cuenta que el alquiler.
Después de remover cielo y tierra con los vendedores, los intermediarios financieros, la inmobiliaria y los bancos, conseguimos la hipoteca y tuvimos vía libre para adquirir el piso en propiedad. Fue una buena jugada, aunque os tengo que reconocer que fue un poco estresante tener que estar revisando mil papeles y tener que acudir a la notaría varias veces para completar el proceso. Cuando lo hubimos hecho, nos entregaron las llaves y, en unos días, comenzamos con todo lo relativo a la mudanza, que también os tengo que reconocer que fue bastante estresante porque, aunque parece que no, acumulamos un montón de cosas en una vivienda que después hay que trasladar hasta la nueva propiedad (algo duro a pesar de la cercanía entre los dos pisos).
El caso es que el primer año de convivencia en la que ya era nuestra casa fue bastante malo. Ya sabéis que las mudanzas suelen ser momentos muy delicados en una relación porque son momentos de mucho estrés y, además, tuvimos momentos delicados en cada una de nuestras empresas. Pero tengo que reconocer que la cosa se nos fue mucho de las manos y que terminamos odiándonos. Llegó un momento en el que ambos decidimos no prolongar más la relación y parar. Terminamos de manera cordial, pero sabiendo que teníamos un marrón por delante con el piso. Es uno de esos marrones en los que nunca te quieres meter, pero como ya veis, a veces las cosas no salen como uno o una quiere.
De acuerdo con una noticia que se publicó en la página web de la Cadena Ser, los divorcios aumentaron un 8’2% en España durante el año 2024 después de dos años de caídas, lo que muestra que nosotros no éramos los únicos ni mucho menos que podían encontrarse en una situación como la que estamos describiendo. Además, y teniendo en cuenta que nosotros no estábamos casados, también había que tener en cuenta el dato relativo a las separaciones, que habían aumentado en un 6’6%. La verdad es que estamos hablando de cifras que no son nada desdeñables y que demuestran que las relaciones de pareja, a día de hoy, son más difíciles que nunca.
Intentamos convivir después de la ruptura durante algunas semanas, pero la verdad es que las cosas no salieron nada bien. Empezamos a odiarnos más de lo que nos hubiera gustado y eso solo nos dejaba una vía, la de separarnos físicamente y empezar a hacer cada uno la vida por su cuenta. Por tanto, no cabe la menor duda de que teníamos que tomar decisiones con respecto al piso. Nos sentamos los dos en varias ocasiones para tratar el tema, pero no llegábamos a ninguna conclusión clara. Lo único que veíamos evidente era que necesitábamos ayuda profesional para tratar de resolver la situación a la máxima brevedad posible.
Para ver qué posibilidades teníamos para liberarnos del piso que habíamos comprado dos años antes y que a causa de nuestra ruptura ya no nos podía dar cabida a los dos, confiamos en los amigos de DeProindivisos. Mi antigua pareja me comunicó que ella no quería vender su parte del piso, pero yo sí que quería liberarme de la mía para poder salir de allí y empezar una nueva vida. Nos pusieron sobre la mesa un total de 5 soluciones que os voy a describir a continuación. Y de ahí empezamos a ver la luz al final del túnel tanto ella como yo.
- La primera de ellas consistía en vender mi parte a ella o al revés, pero la primera de esas opciones era la que más nos cuadraba en función de lo que os he comentado más arriba, que era yo el que me quería marchar de allí (y, cuanto antes, mejor).
- En segunda instancia, nos dijeron que teníamos la opción de vender una de las dos partes a un inversor. En este caso, ese inversor es «extraño» a la propiedad pero esto se puede hacer de manera libre. Eso sí, la otra parte que se queda con su 50% tiene derecho a igualar la oferta que haya recibido ese inversor.
- La tercera vía es la que consiste en extinguir el proindiviso de tal modo que un solo copropietario se quede con la totalidad del inmueble.
- La cuarta opción, que era la peor en nuestro caso, era la que consistía en dividir físicamente la propiedad. Esto, en un piso como lo era el nuestro, es completamente imposible y realmente esta manera de proceder solamente se relaciona con lo que tiene que ver con parcelas y extensiones grandes de terreno, en muchos casos sin edificar.
- Finalmente, encontramos la demanda de división del bien común. En lo que esto consiste es en vender la propiedad a otra persona externa y dividir el precio obtenido entre los antiguos propietarios. Estamos hablando de una vía que es bastante usada y que, desde luego, muchas veces es la más fácil.
La opción que manejamos para nuestro caso fue la primera. Yo le iba a vender mi parte a ella y lo cierto es que lo tuvimos bastante claro desde el primer momento. Lo único que teníamos que concretar era un precio y la verdad es que no tuvimos demasiados problemas en llegar a un acuerdo a este respecto. Decidimos que el precio sería justo la mitad del valor por el que habíamos adquirido el piso más la mitad de todos los muebles y adecuaciones que hubiéramos hecho en este espacio. Lo vi bastante justo y tengo que decir que fue una verdadera suerte que, dada la situación que teníamos encima en ese momento, nos llegáramos a entender tan bien en este sentido.
Se venden casas y pisos por doquier en España
De acuerdo con lo que dice una noticia publicada en la página web del diario El País, en España se vendieron 360.000 casas en 6 meses que pasaron desde que se inició el 2024 hasta que acabó el primer semestre de ese año. La verdad es que es el dato más abultado de los últimos 18 años y eso muestra que el interés por conseguir una vivienda sigue siendo muy alto con independencia de la zona en la que nos encontremos. Nosotros no estábamos locos cuando intentábamos comprar una vivienda en estos tiempos porque es probable que sean más caras en el futuro.
Por suerte, las cosas me han ido bien desde que se terminó toda esta situación. Ha sido un verdadero agobio tener que pasar por aquí, pero no me cabe la menor duda de que he hecho lo correcto y que ahora, por fin y después de unos meses complicados, me toca volver a disfrutar de la vida. Ojalá que pueda hacerlos sin más asuntos como este. Lo que he aprendido es que es de vital importancia rodearse de gente que sepa lo que necesitas y que tenga en mente las soluciones a tus problemas.